La Industria

Boeing se ve forzada a recortar en un 20% la producción del 737 MAX.

Primero congeló la entregas y ahora Boeing se ve forzada a recortar en una quinta parte el ritmo de producción del B737 MAX, para evitar que los aviones que van saliendo de la cadena de ensamblaje en Renton (Washington) se les vayan amontonando en el tarmac. Hasta ahora venía completando 52 unidades mensuales. Es una decisión que tendrá importantes implicaciones financieras para la compañía.

El recorte en la producción durará varias semanas, mientras continúe la suspensión de vuelos impuesta por las agencias de la aviación civil tras el siniestro del vuelo de Ethiopian Airlines hace casi un mes, precedido por otro similar en Indonesia a finales de octubre de 2018. La idea de Boeing antes del accidente era elevar el ritmo de ensamblaje a 57 unidades mensuales para poder atender la demanda. El B737 MAX es la aeronave que más rápido se estaba vendiendo y la gran apuesta de la compañía para el corto y medio radio, el segmento en el que se concentra la mayor parte de la demanda.

El fabricante estadounidense cuenta con una cartera de pedidos que supera las 5.000 unidades para la versión más moderna del B737. Los títulos de la compañía caían casi un 2% al cierre de Wall Street, cuando se hizo el anuncio. Pero ya se especulaba con esta posibilidad después de que el regulador estadounidense (FAA, por sus siglas en inglés) señalara que llevará “semanas” completar el examen del nuevo sistema de control de vuelo.

Boeing anuncia en paralelo la creación de un comité que va a examinar las políticas internas de la compañía y los procedimientos de diseño y desarrollo de los aviones. El doble siniestro cuestionó la manera en la que realizar el proceso de certificación con la FAA, que está siendo revisado también por el Departamento de Transporte de Estados Unidos para reforzar la supervisión.

El B737 MAX tiene un valor en cartera de 120 millones de dólares. El bimotor de pasillo único es el principal generador de ingresos para el conglomerado aeroespacial, al representar una tercera parte de los 101.100 millones de dólares que facturó globalmente el pasado ejercicio. Más de la mitad de la cifra de negocio que genera la división de aviación comercial es gracias al B737.

Efecto cascada

El recorte del 20% empezará a aplicarse a mediados de abril. Será como dar un paso atrás en el tiempo de tres años, ya que la producción del B737 era exactamente de 42 unidades en 2016. Eso fue un año antes de que entrara en servicio la nueva versión del avión. El efecto del anuncio se hizo sentir en Spirit Aerosystems (fuselaje), United Technologies (sistemas) y General Electric (motores).

El primer ejecutivo del fabricante aeronáutico, Dennis Muilenberg, justifica la medida diciendo que permitirá “priorizar” los recursos para destinarlos a solucionar el problema técnico que contribuyó a los dos accidentes desde el octubre “para que el MAX vuelva a volar”. La gran pregunta es qué harán las aerolíneas que están a la espera de recibir sus nuevos aviones para ampliar o modernizar sus flotas.

Los vuelos del B737 MAX están suspendidos en todo el mundo desde el pasado 13 de marzo. En ese momento, la compañía dijo que no tenía intención de recortar la producción. Pero como señala ahora Muilenberg, el atasco de aviones ensamblados puede crear una disrupción mayor en la cadena de suministro y un mayor quebradero de cabeza para las finanzas de la multinacional.

Por Sandro Pozzi – El País