El fatal accidente que hace más de una semana sufrió un avión de la FACh, que transportaba a 21 personas entre civiles y militares hacia el archipiélago de Juan Fernández, puso en relieve una realidad que para muchos aún es poco conocida: la presencia femenina al mando de vuelos, sean estos comerciales o militares.
¿Cómo se han abierto paso en esta actividad que hasta hace poco era sólo para hombres? Tres mujeres pilotos contaron, días antes del accidente de Juan Fernández, a «El Mercurio» sus experiencias. «No hay un hombre por ahí» La capitán Constanza Riderelli Rousseau, pionera en la aviación comercial en el país, tiene a su haber 15 años de experiencia en el rubro y muchas horas de vuelo en el cuerpo. Sus inicios en la aviación comercial no fueron fáciles. Hasta los pasajeros se extrañaban al escuchar por los parlantes del avión una voz femenina. «Muchos pasajeros se asustaban y, como que no quiere la cosa, preguntaban, ‘¿no hay un hombre por ahí?'», recuerda.
Pero ya no está sola ni en Chile ni en el mundo. En LAN Airlines, donde se desempeña, la acompañan otras 55 pilotos con distintos grados. A nivel mundial, hay alrededor de 4.000 mujeres pilotos, de las cuales unas 500 son capitanes. «Partí piloteando un Boeing 737, bien humilde y con la cabeza bien gacha, porque lo que me interesaba era volar», cuenta Riderelli.
Para las nuevas generaciones de pilotos mujeres, la travesía ha sido más llana. De partida, cuentan con la posibilidad de estudiar la carrera en institutos y, más exhaustivamente, en la Universidad Federico Santa María, donde además adquieren todos los conocimientos de ciencias de la aeronáutica. Ese fue el camino que escogió Paula Jiménez, actualmente primera oficial o copiloto de LAN. Desde niña le gustaban los aviones, aunque nadie en su familia estaba ligado al rubro aeronáutico.
«A mi papá ni siquiera se le ocurrió llevarme alguna vez a la FIDAE, porque creía que como yo era mujer me iba a aburrir. Menos se imaginó que me iba a convertir en piloto, aunque cuando tomé la decisión toda mi familia me apoyó», cuenta. El impulso que necesitaba para concretar su sueño le llegó casi por casualidad.
«Cuando estaba terminando el colegio vinieron de la Federico Santa María a darnos una charla y nos contaron que tenían nuevas carreras. Una de ellas era piloto comercial. Me decidí de inmediato, postulé y quedé», dice Paula. «Nunca me he sentido un bicho raro. Al contrario, siempre he sido súper bien acogida por mis compañeros», asegura. Tampoco se visualiza limitada o discriminada en sus posibilidades de escalar a nuevos puestos, como Constanza cuenta que sí le ocurrió.
«Nosotros funcionamos con un escalafón que está determinado por la antigüedad de cada piloto. Hay uno para primeros oficiales y otro para capitanes. Eso define el ascenso, que también está ligado al tipo de aviones que podemos volar», explica Paula Jiménez. Hasta ahora, su carrera va bien aspectada.
A principios de agosto dejó de volar la ruta regional, que abarca destinos en Chile y Sudamérica, para prepararse para pilotear aviones de largo alcance, que van a Europa o California. Algo similar ha vivido Valentina Abbott. «Quería ser astronauta, esa era mi fijación», dice. A la hora de escoger qué profesión estudiar, fue su propio padre quien la «aterrizó». Le sugirió que se convirtiera en piloto comercial, carrera que también cursó en la Universidad Federico Santa María. «Volar es, por sobre todo, una pasión. Además no tiene nada de rutina, siempre hay nuevos desafíos y eso es súper motivante», afirma Valentina .
«Pasión» es la palabra que más repiten Constanza, Paula y Valentina, más allá de sus diferentes edades y experiencias de vida. No les importa tener horarios muy distintos a los de otros profesionales, pasar varios días lejos de sus hogares o no estar todo el tiempo con sus niños.
Constanza Riderelli tiene tres hijos, de 23, 19 y 8 años. Cada mes recibe su plan de vuelo y se organiza de acuerdo a él. Incluso siente que cuenta con mayor flexibilidad que aquellas que trabajan con un horario de oficina tradicional. «Puedo andar en la calle en otros horarios, ir al supermercado en días de semana y hasta programar los cumpleaños», afirma. Pero lo que más la llena es el orgullo que sienten sus hijos por ella: «Encuentran que soy bacán y le cuentan a todo el mundo que la mamá es piloto». Sin embargo, el ser piloto implica también grandes desafíos profesionales y una enorme responsabilidad, que se incrementa con los ascensos.
«La responsabilidad legal del comandante de la nave es absoluta y está estrictamente regulada por el código de aeronáutica», reconoce Constanza. «El capitán debe responder por el más pequeño incidente hasta el más grave», agrega. Es una «mochila pesada», por cierto. Y tanto hombres como mujeres lo asumen por igual. «Es parte de esta profesión», comenta Valentina. «Pero siempre estamos recibiendo entrenamiento para mejorar nuestras capacidades, lo que es fundamental para sentirse seguro al momento de volar», concluye. Funcionamos con un escalafón que está determinado por la antigüedad de cada piloto. Hay uno para primeros oficiales y otro para capitanes. Eso define el ascenso, que también está ligado al tipo de aviones que podemos volar».La responsabilidad legal del comandante de la nave es absoluta y está estrictamente regulada por el código de aeronáutica».Volar es, por sobre todo, una pasión. Además no tiene nada de rutina, siempre hay nuevos desafíos y eso es súper motivante».
Demanda por pilotos supera con creces la oferta
Estudiar para ser piloto comercial puede durar entre 18 meses y tres años (en el caso de la Universidad Federico Santa María) y no es barato -puede llegar a los $25 millones-, principalmente por lo caras que son las horas de vuelo. Pese a ello, quienes han cursado la carrera coinciden en que el retorno de la inversión es mucho más rápido que en otros rubros.
El salario de ingreso para un piloto en las diversas aerolíneas que operan rutas desde Chile fluctúa entre 1,5 y 2 millones de pesos. Uno de los factores determinantes en las buenas remuneraciones es que la demanda por pilotos a nivel mundial supera con creces la oferta.
Sólo en el caso de la matriz chilena de LAN, sin considerar sus filiales en Sudamérica o su eventual fusión con la brasileña TAM, la demanda estimada será de 100 nuevos pilotos al año de aquí al 2015, el doble de los que están egresando anualmente de las escuelas y la universidad, señala Alan Fridman, subgerente de capacitación de LAN. «La industria aeronáutica está creciendo muchísimo a nivel mundial. Y hay escasez de pilotos, ingenieros aeronáuticos, mecánicos y tripulantes», agrega.
Fuente: http://http//diario.elmercurio.com
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