Un dron estuvo cerca de colisionar con un avión de pasajeros en aeropuerto de Heathrow.

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El pasado 22 de julio, a las 2:16 horas de la tarde, un Airbus A320 estuvo en «serio riesgo» de colisionar con un dron en su trayectoria de vuelo sobre el aeropuerto londinense de Heathrow. El avión volaba a 700 pies de altitud (213 metros), con 180 pasajeros a bordo, cuando el piloto divisó el dron. El incidente, que según «The Sunday Times» se dará a conocer oficialmente esta semana, ha sido clasificado de riesgo A, el máximo de la escala. Se cree que el dron fue manejado por un aficionado que se encontraba fuera del perímetro del aeropuerto. El objeto no llegó a ser detectado por los radares y desapareció tras el susto.

No es la primera vez que suceden incidentes similares, aunque sí es el primero en Heathrow, el mayor aeropuerto británico y uno de los de mayor tráfico del mundo. Dos helicópteros militares ingleses han denunciado incidentes con drones. El pasado mes de mayo, una avión comercial ATR 72, con 80 pasajeros, comunicó que un dron estuvo a solo 30 metros de su fuselaje. En diciembre de 2012, los tripulantes de un Boeing 777 comentaron en el aeropuerto londinense de Gatwick que habían visto muy cerca dos objetos plateados que podrían ser drones.
El problema de seguridad que puede suscitar esta nueva moda es evidente. «Son objetos bastante pesados si vas a gran velocidad», comentan los pilotos. Una colisión puede equivaler a chocar con una bandada de pájaros, un problema reiterado en la aviación, que por ejemplo en febrero de 2009 obligó a un avión comercial de US Airways a aterrizar de emergencia en las aguas heladas de río Hudson, en Nueva York. Es evidente que un dron puede romper la carlinga del avión.
En el mundo anglosajón, los drones van a ser uno de los regalos de moda de estas navidades, con precios que oscilan entre los 45 euros y 4.200. Los más modestos tienen ya autonomía para un cuarto de hora de vuelo. El problema es que pueden caer en todo tipo de manos, unas absolutamente inexpertas (la mayoría) y otras con afán de hacer daño. Las autoridades británicas de aviación civil exigen que el usuario nunca pierda contacto visual con el dron, pero es evidente que esa norma se está incumpliendo.