Al menos dos heridos tras fuerte turbulencia en vuelo de Iberia entre Madrid y Milán.

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Los pasajeros del vuelo de Iberia IB3252 que el pasado viernes volaron desde Madrid a Milán no podrán olvidar fácilmente lo que se convirtió en un accidentado trayecto. Una fuerte turbulencia lanzó por los aires a parte del pasaje contra el techo dejando heridas con contusiones a dos personas: un pasajero que sufrió una lesión cervical según los testigos y un auxiliar de cabina con una costilla rota. El modelo de avión que realizaba el trayecto era el Airbus A320, que hasta en tres ocasiones «descendió de forma muy brusca, causando el pánico entre los que estábamos allí», asegura a La Vanguardia Carlos T., uno de los pasajeros. La compañía aérea asegura, sin embargo, que tan sólo se produjo una brusca caída «de un par de segundos» consecuencia de una turbulencia aérea clara, que se da sin previo aviso al entrar en una bolsa de aire que está a diferente temperatura. Las versiones entre la compañía y los afectados no coinciden en el número de caídas bruscas del aparato, que según relatan los pasajeros fueron «al menos tres y con el morro del avión cayendo casi en picado», mientra que Iberia sostiene que «en una zona de turbulencias es normal sentir que se está cayendo pero sólo se produjo una realmente importante».
A falta del parte definitivo de lesiones de los dos heridos, otro pasajero se encuentra ingresado en un centro hospitalario madrileño donde se le han detectado contusiones internas en un pulmón que podría ser fruto también de esta turbulencia. «El piloto pidió que nos abrochásemos los cinturones y casi al momento el aparato cayó en picado, lanzando a un pasajero contra el techo», narra un testigo. «Un azafato se quitó el cinturón para ir ayudarlo y justo en ese momento tuvimos otra fuerte caída que lo lanzó también contra el techo rompiéndole una costilla», asegura todavía asustado al recordar la experiencia. «La gente empezó a gritar, algunos incluso rezaban en voz alta, y pasamos muchísimo miedo», dice este joven. La versión de Iberia difiere levemente ya que la compañía asegura que «un hombre no se abrochó el cinturón cuando lo indicó el comandante y una azafata, al darse cuenta, se levantó para abrochárselo: fue entonces cuando el avión sufrió la turbulencia que los hizo salir disparados del asiento». 
El vuelo, que debía aterrizar en el aeropuerto de Malpensa, en Milán, tuvo que ser desviado al de Linate, según la compañía por una fuerte tormenta en el primero. Sin embargo, los pasajeros aseguran que el IB3252 fue el único vuelo que no aterrizó donde estaba previsto. Los registros del vuelo sí que permiten ver hasta tres descensos bruscos de altura, que van desde los 660 pies (200 metros) hasta uno de 1.500 pies (casi 500 metros) en un breve espacio de tiempo.

Pese a que el vuelo iba a ser operado en principio por un modelo 319 de Airbus, la compañía cambió a última hora el avión por el 320, que cuenta con mayor número de plazas. Este hecho no ha pasado desapercibido entre los pasajeros que se preguntan si «dados los últimos episodios con los sensores de dicho avión, lo ocurrido puede tener que ver con este hecho». Desde Iberia se remitió un correo electrónico a todos los pasajeros donde aseguraba que «durante la fase de aproximación a Mián recibimos la información de que podría haber fuertes turbulencias por viento extremos» y que «nuestra tripulación hizo lo posible por proteger y tranquilizar a todos los pasajeros, aunque dos veces perdimos altura de forma brusca».
De hecho, al aterrizar en Linate se requirió la presencia de asistencia médica inmediata para atender a los dos heridos durante los desplomes del avión. «Yo soy de la opinión de que el capitán no sabía dónde se había metido, que estaba asustado y cuando, tras la primera caída en picado nos dijo que nos abrochásemos el cinturón todavía más fuerte, lo que hizo fue acojonarnos todavía más», asegura otro de los pasajeros. A la salida del avión, el capitán se despidió una por una de las personas que había en la cabina con gesto «muy serio y aún nervioso por lo sucedido», aseguran.
«Lo que ocurrió no fueron turbulencias, caímos con gravedad con el morro inclinado», asegura Pablo D. mientras lanza la siguiente pregunta a Iberia: «Todo apunta a un posible fallo del avión Airbus. ¿Qué hay de los sensores que tantos problemas vienen dando y que la legislación europea está obligando a cambiar? ¿Cuál era el estado de los mismos antes del despegue? ¿Y después?»
Iberia está elaborando un informe que dé respuesta a todos estos interrogantes aunque sigue defendiendo que el aparato estaba en perfectas condiciones y que todo se debió a las fuertes turbulencias durante la maniobra de aproximación a Milán. Y aprovechan para recordar encarecidamente a los pasajeros de cualquier aeronave de la importancia de tener el cinturón de seguridad abrochado durante todo el trayecto ante la «imposibilidad de prever todas las turbulencias».