Boeing pelea por el mercado de los aviones pequeños.

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A la luz de las amenazas de Canadá y Reino Unido de llevarse el futuro negocio de defensa a otra parte, parece que se avecina una gran desventura legal.

Siendo justos, cuando Boeing presentó su queja a las autoridades estadounidenses este año, nadie preveía que Theresa May fuese a liderar en breve un Gobierno apuntalado por un partido de Irlanda del Norte. Los 4.500 empleados de Bombardier en Belfast poseen ahora un enorme peso político.

La reacción de Canadá a la acusación de que sus subvenciones ayudaron a Bombardier a introducir aviones en el mercado estadounidense -mediante un acuerdo para suministrar a Delta Air Lines 75 vehículos baratos CS100- sorprende menos. Boeing podría perder la venta de 18 o más Super Hornet cuando Canadá encargue 88 nuevos aviones de combate, o al menos tendrá que combatir el boicot.

El Departamento de Comercio de EEUU podría aplicar gravámenes a los aviones de la serie C la próxima semana, lo que dificultaría futuras ventas en EEUU. Entonces, ¿por qué se tomó la molestia Boeing? Delta señala que el grupo estadounidense no fabrica aviones tan pequeños como el modelo de 110 asientos que encargó. La posición de Boeing como proveedor privilegiado del Ejército de EEUU permite que se le acuse de hipocresía.

El duopolio en los grandes aviones comerciales pertenece a Boeing y a Airbus, su rival europeo. Los pequeños fabricantes regionales de aviones compiten en la parte más baja de ese mercado. Las ventas de Boeing corren cierto riesgo en este segmento: Credit Suisse informa de que la edad media de los aviones de un único pasillo y fuselaje estrecho en servicio es de 17 años, y sólo un 20% de los clientes que operan Boeing 737 o Airbus A320 han encargado las versiones más nuevas.

Boeing pudo aplastar a Airbus cuando tuvo la oportunidad hace décadas. Sin embargo, existen más fabricantes que también esperan vender aviones pequeños, como la brasileña Embraer, la japonesa Mitsubishi y las rusas Sukhoi e Irkut. Boeing no puede pretender combatir a todos los rivales con sus abogados.

Fuente: Expansión