Aerolíneas

Ryanair admite “dificultades” para contratar pilotos y seguir creciendo.

Los problemas laborales de Ryanair no han hecho más que empezar. A las huelgas del verano y la fuga de pilotos y tripulantes de cabina (TCP) de finales del año pasado que, entre otras cosas, obligaron a la compañía a cancelar más de 20.000 vuelos entre octubre y marzo, se suman los problemas que está teniendo a la hora de contratar personal suficiente para cubrir las bajas y hacer frente a sus ambiciosos planes de crecimiento. Así, en un momento en el que Vueling prevé crecer un 10% en los próximos años, easyJet ha anunciado la contratación de 1.000 personas en Dublín y Norwegian busca reforzar sus rutas de largo radio, la línea aérea que dirige Michael O’Leary ha reconocido en su informe anual que “podría enfrentar algunas dificultades” para contratar y retener al personal requerido para cubrir sus necesidades operativas futuras.

“En base a su experiencia en la gestión del crecimiento de la aerolínea hasta la fecha, la gerencia cree que si bien existe un grupo suficiente de pilotos, ingenieros y mecánicos calificados y autorizados dentro de la UE para satisfacer las necesidades futuras de la compañía, Ryanair podría enfrentar algunas dificultades para contratar y continuar empleando al personal requerido”, recoge la firma. No en vano, en su primer trimestre fiscal (abril-junio), la aerolínea irlandesa recibió 14 nuevos Boeing 737, elevando su flota por encima de los 440 aviones, lo que le obliga a aumentar su plantilla para operarlos y seguir creciendo con el objetivo de alcanzar los 200 millones de pasajeros en 2024 (cerró 2017 con 139 millones de viajeros y 430 aviones).

En este punto, la compañía irlandesa no ha dudado en señalar como el responsable de sus problemas para contratar al surgimiento de un “mercado laboral cada vez más restrictivo impulsado por la inflación salarial, particularmente desde China”. Y es que, la carrera las compañías aéreas por crecer en Europa y la fuerte demanda de pilotos y TCP en Asia y el Golfo Pérsico han hecho que sea prácticamente imposible encontrar pilotos para el 737 o el A320 (medio-corto radio) llevando a las compañías a robarse trabajadores para conseguir personal con experiencia. Y en esta pugna, Ryanair perdió el primer envite al ver salir 140 pilotos y 400 TCP.

Para frenar la primera sangría y tratar de calmar el descontento de los pilotos, que empezaron a amenazar con huelgas a finales de 2017, Ryanair les subió un 20% el sueldo, lo que ha hecho que sus costes labores aumenten un 16,6% en el ejercicio fiscal 2017-2018. En el caso de los TCP, anunció en enero de 2018 el pago de plus de 1.800 euros por productividad, sujeto a que no falten nunca a trabajar; ofreció un nuevo tipo de contrato con salario base para el personal de las agencias Crewlink y Workforce y facilitó el acceso a los cursos de formación.

Así, la compañía dejó de cobrar en mayo unos 3.000 euros por los cursos y ha empezado a pagar 28 euros al día a cada persona que los realiza. A su vez, el periodo de prueba lo ha reducido de un año a seis meses en España, ha dejado de cobrar el primer uniforme y ha habilitado un abono único de 700 euros para facilitar el la incorporación al trabajo. “Ryanair se dio cuenta en enero de que le faltaban 500 TCP para cubrir la operativa de verano y empezó a lanzar todo tipo de facilidades para atraer personal ya que no había demanda suficiente”, explican fuentes sindicales de USO. “No pueden asumir el plan de crecimiento porque les falta personal”, señalan en este sentido. A pesar de que las medidas sirvieron para llenar los cursos, la firma sigue teniendo problemas para cubrir los puestos.

La oferta de Ryanair de ofrecer un salario de base de 726 euros brutos al mes y pagar la hora a 4,38 euros no ha convencido a los trabajadores de Crewlink que llevan más de un año en la compañía, ya que si vuelan más de 800 horas al año (todos los TCP en España están cerca de las 900 horas) pierden dinero. Así, solo el 10% de los empleados ha solicitado el cambio al nuevo contrato con el que buscaba atraer a nuevos trabajadores y fidelizar a los existentes con estabilidad. Y es que, sin salario base la hora se paga a unos 15,72 euros.

A pesar de que los sueldos que paga Ryanair son competitivos y en muchas ocasiones están por encima del sector, lo cierto es que la obligación de someterse a la legislación laboral irlandesa está haciendo que el personal opte por trabajar en otras compañías. No en vano, la irlandesa es la única de las grandes firmas de bajo coste europeas que todavía no paga la seguridad social de sus empleados en el país en el que viven, algo a lo que obliga a Unión Europea (UE) a través del reglamento 465/2012.

La UE dio un periodo de diez años a las compañías aéreas para adaptarse, por lo que Ryanair tendrá que empezar a pagar obligatoriamente la seguridad social en cada país donde tenga bases a partir de 2022, lo que disparará sus costes sociales. Actualmente Ryanair es la gran low cost europea que menores costes por empleado soporta. Según sus últimas cuentas anuales, el gasto medio por empleado alcanzó los 53.502 euros al año, un 19% inferior al de Vueling, que fue de 65.765 euros, y el 29% menos que el de su principal rival, easyJet, que llegó a las 61.517 libras (unos 75.466 euros al año).

Según las mismas cuentas, el 16% de los costes laborales de Vueling corresponden a la seguridad social; el 18,6% de los gastos de personal de easyJet son costes de seguridad social y pensiones mientras que Ryanair solo destina el 4% de sus costes salariales a “bienestar social y pensiones”.

Aunque el reglamento de la UE abre la puerta a que los trabajadores soliciten voluntariamente empezar a cotizar en su país de residencia antes de 2022, lo cierto es que muy poca gente de la plantilla lo ha hecho. Algunas fuentes sindicales lo achacan a que la compañía ha tratado de repercutir en el trabajador el sobre coste de la seguridad social que le supone adaptarse a la normativa europea. Un extremo que niegan otras fuentes sindicales que achacan la falta de cambios a las barreras puestas por la empresa y la ausencia de transparencia. Así, dentro del proceso de negociación colectiva que buscan abrir, los sindicatos quieren negociar que el paso a la seguridad social española no suponga un fuerte impacto en sus salarios netos para no perder poder adquisitivo.

Pero, antes de llegar a este punto, los trabajadores de España y media Europa están luchando por conseguir que Ryanair se adapte a la legislación laboral de cada país y les haga contratos locales, algo a lo que se niega (ver apoyo). Pilotos y TCP se quejan de que los contratos irlandeses les reducen derechos.

Ryanair no está dispuesto a renunciar a la legislación laboral irlandesa. Las huelgas que los tripulantes de cabina y los pilotos de España, Portugal, Alemania, Italia, Suecia, Bélgica e Irlanda han convocado para reivindicar someterse a la legislación laboral de sus respectivos países no han surtido efecto por lo que los TCP ya se están preparando para convocar otra huelga paneuropea a finales de septiembre.

La reunión para negociarla es el 7 de septiembre en Roma y esperan que se sumen los pilotos para ganar fuerza. Más allá de empezar a pagar la seguridad social en España, algo que será obligatorio a partir de 2022, los TCP y los pilotos buscan cobrar sus nóminas en sus países de residencia, tener derecho a la negociación colectiva, evitar los cambios unidireccionales de las condiciones laborales y poder apelar a la Justicia de sus países, entre otras cosas. Por su parte, Ryanair critica de “irreales” las exigencias de la plantilla y asegura que “seguirá defendiendo el modelo de alta productividad”.

Por África Semprún – El Economista