Fallas sistémicas de la FAA: El demoledor informe de la NTSB sobre la colisión aérea ocurrida en Washington

La colisión aérea registrada en enero de 2025 sobre el río Potomac, que involucró a un jet regional de American Airlines y un helicóptero Black Hawk del Ejército de EE. UU. cerca del Aeropuerto Nacional Ronald Reagan, no fue un evento fortuito ni una concatenación imprevisible de errores humanos. Según la National Transportation Safety Board (NTSB), el accidente —que dejó 67 víctimas fatales— fue el resultado de fallos sistémicos acumulados dentro de la Administración Federal de Aviación (FAA) y de decisiones que, pese a contar con datos y advertencias previas, nunca se tomaron.

La presidenta de la NTSB, Jennifer Homendy, fue categórica durante una audiencia pública de jornada completa este martes: “El 100% de esto era prevenible. Los datos estaban ahí, en los propios sistemas de la FAA”. Sus declaraciones marcaron el tono de una de las críticas institucionales más duras que el regulador estadounidense haya recibido en décadas.

Aeropuerto Nacional Ronald Reagan: un entorno operativo de alta complejidad ignorado durante años

El aeropuerto Reagan no es un aeródromo cualquiera. Es el 26.º más transitado de Estados Unidos, opera la pista más activa del país y comparte un espacio aéreo altamente congestionado con rutas de helicópteros militares, policiales y gubernamentales, en un entorno utilizado con frecuencia por miembros del Congreso y altos funcionarios.

La NTSB reveló que desde 2021 se registraron 15.200 incidentes de separación aérea entre aviones comerciales y helicópteros en las inmediaciones del aeropuerto, incluyendo 85 eventos catalogados como “situaciones de riesgo”. A pesar de esta estadística alarmante, la FAA no implementó cambios estructurales en la gestión del tráfico mixto ni revisó de forma integral las rutas de helicópteros.

Uno de los datos más críticos: el helicóptero involucrado volaba por una ruta con altitud máxima autorizada de 200 pies (61 metros), pero la colisión ocurrió a casi 300 pies, lo que evidencia deficiencias tanto en el diseño de las rutas como en su supervisión operacional.

Alertas no escuchadas, recomendaciones rechazadas y una torre degradada sin explicación

La investigación también puso el foco en fallos organizacionales y culturales dentro de la FAA. En 2018, la agencia degradó la categoría de la torre de control de Reagan, una decisión para la cual —según la NTSB— nunca se aportaron criterios técnicos ni métricas justificativas.

Además, la FAA rechazó incorporar “puntos críticos” en las cartas de rutas de helicópteros y no pudo presentar documentación que acreditara las revisiones anuales obligatorias del Baltimore-Washington Helicopter Route Chart, dejando a los pilotos de aviación comercial sin información clara sobre posibles conflictos de tráfico.

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Homendy fue aún más contundente al describir el clima interno: “Una torre entera intentó elevar preocupaciones una y otra vez, solo para ser silenciada por la gestión”. La pregunta que dejó flotando fue tan simple como inquietante: ¿estaban los controladores destinados al fracaso? .

Tecnología disponible, pero no utilizada: el caso del ADS-B

Otro punto central del informe fue la ausencia de alertas oportunas. La NTSB concluyó que el controlador debió haber emitido una alerta de seguridad, lo que podría haber permitido maniobras evasivas.

Más aún, el sistema ADS-B In y Out, de haber estado plenamente operativo y utilizado, habría proporcionado una advertencia al piloto del avión 59 segundos antes del impacto y a la tripulación del helicóptero 48 segundos antes. Legisladores estadounidenses ya trabajan en iniciativas para hacer obligatoria esta tecnología, una discusión que cobra ahora un dramatismo renovado.

Responsabilidad legal y consecuencias inmediatas

En diciembre, el Departamento de Justicia reconoció formalmente que el gobierno federal es responsable del accidente, admitiendo que incumplió su deber de cuidado y que esa omisión fue causa directa del siniestro. El reconocimiento también señala fallas de vigilancia por parte de ambos pilotos, aunque el énfasis institucional recae en la gestión del espacio aéreo .

Tras el accidente, la FAA restringió las operaciones de helicópteros en marzo, calificando su presencia cerca del aeropuerto como un “riesgo intolerable”. En mayo, incluso prohibió al Ejército volar helicópteros alrededor del Pentágono luego de un incidente que obligó a dos aviones civiles a abortar sus aterrizajes.

¿Un problema local o un síntoma nacional?

Quizás la advertencia más inquietante llegó cuando Homendy reveló que aerolíneas comerciales han alertado sobre otros posibles puntos críticos, mencionando específicamente el área de Burbank y Van Nuys, en California, aeropuertos separados por menos de 10 millas y con flujos de tráfico igualmente complejos. “La próxima colisión en el aire será allí si nadie presta atención”, resumió .

El accidente del Potomac, el más letal en EE. UU. en más de 20 años, deja una conclusión incómoda pero ineludible: los sistemas de seguridad no fallaron por falta de información, sino por falta de acción. La reestructuración anunciada por la administración Trump para la FAA abre un interrogante clave para el sector: si esta tragedia será finalmente el catalizador de una reforma profunda o solo otro episodio más en una larga lista de advertencias ignoradas.

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