La investigación sobre el accidente del Boeing 787 de Air India ocurrido el 12 de junio en Ahmedabad, que dejó 260 víctimas fatales, está entrando en una fase crítica. De acuerdo con fuentes cercanas al proceso citadas por Bloomberg, los investigadores se inclinan cada vez más hacia una acción deliberada en cabina como principal línea de investigación, tras haber descartado fallas mecánicas y actos de sabotaje .
Se trata de un giro profundo y extremadamente sensible en uno de los peores desastres de la aviación comercial india, con implicaciones técnicas, humanas y políticas que todavía están lejos de cerrarse.
Qué se sabe hasta ahora: descartes técnicos y foco en la cabina
Según la información disponible, los expertos que participan en la investigación han excluido un fallo del avión y no han encontrado indicios de interferencia externa. Esta conclusión coincide con una evaluación temprana de autoridades estadounidenses, que también señaló que el siniestro no estuvo relacionado con problemas técnicos del Boeing 787.
Con estos factores fuera de la ecuación, la acción de los pilotos se ha convertido en la hipótesis predominante. El avión se estrelló minutos después del despegue, cuando cubría la ruta entre Ahmedabad y Londres, dejando un único sobreviviente.
El dato clave: los interruptores de combustible
Un informe preliminar de la Aircraft Accident Investigation Bureau (AAIB) —emitido como parte del procedimiento estándar— aporta el elemento técnico más contundente hasta el momento: los interruptores de corte de combustible fueron movidos de la posición “run” a “cutoff”, provocando la interrupción del suministro de combustible a los motores y una rápida pérdida de altura de la aeronave.
El documento añade un pasaje crucial de la grabadora de voz de cabina (CVR): “En la grabación de cabina, uno de los pilotos es escuchado preguntando al otro por qué había cortado el combustible. El otro piloto respondió que no lo había hecho.”
Este intercambio refuerza la tesis de que el evento no se originó en un fallo automático del sistema, aunque todavía no permite establecer responsabilidades individuales.
Los pilotos: experiencia, perfiles y controversia
Al mando del vuelo se encontraba el capitán Sumeet Sabharwal, de 56 años, con más de 15.600 horas de vuelo. El primer oficial era Clive Kunder, con 3.403 horas de experiencia .
Información filtrada previamente ya había sugerido que el capitán podría haber accionado los controles de combustible, un punto que ha generado fuerte resistencia tanto por parte de las familias de los pilotos como de organizaciones sindicales, que consideran que los tripulantes están siendo utilizados como chivos expiatorios para desviar la atención de posibles responsabilidades del fabricante.
La tensión ha escalado hasta el plano judicial: el padre del capitán Sabharwal, de 91 años, a quien el piloto cuidaba personalmente, solicitó a la Corte Suprema de la India una investigación independiente.
Víctimas y supervivencia
El vuelo transportaba 169 ciudadanos indios, 53 británicos, un canadiense y siete portugueses cuando impactó contra un edificio de alojamiento hospitalario cercano al aeropuerto de Ahmedabad.
Contra todo pronóstico, solo una persona sobrevivió: Viswashkumar Ramesh, quien logró salir de los restos del avión con vida. Especialistas en seguridad aérea calificaron su escape como “prácticamente imposible”, subrayando la violencia del impacto y la escasa ventana de supervivencia.
Un caso abierto y preguntas aún sin respuesta
Aunque la hipótesis de acción deliberada del piloto es actualmente la más sólida, la investigación sigue en curso y no se ha emitido un informe final. Tampoco se han hecho públicas conclusiones oficiales que confirmen si se trató de un acto intencional, un error humano extremo o una cadena de eventos aún no completamente comprendida.
La posibilidad de un suicidio ha sido mencionada en el debate público, pero no ha sido confirmada por la AAIB, y sigue siendo un tema altamente sensible tanto para la industria como para las familias afectadas.
Un precedente incómodo para la aviación comercial
Este caso vuelve a poner bajo escrutinio los protocolos de seguridad en cabina, la gestión de la salud mental de los pilotos y la compleja relación entre investigaciones técnicas, presión pública y responsabilidades corporativas.
Hasta que el informe final sea publicado, el accidente del Boeing 787 de Air India permanecerá como un recordatorio incómodo de que, incluso en una era de aviones altamente automatizados, el factor humano sigue siendo el eslabón más crítico —y más frágil— de la seguridad aérea.
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