La fobia a volar difícilmente puede producir problemas cardiacos.

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Pese a que la fobia a volar «es una de las que más reactividad cardiaca tiene, es muy difícil que a una persona le pudiese pasar algo a nivel cardiaco», según la psicóloga del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, Vanesa Fernández. Las personas que tienen este problema se ven incapaces de subirse a un avión y lo evitan salvo causa mayor.

La especialista considera que estas personas adquieren las fobias por dos tipos diferentes de aprendizaje. «En el aprendizaje vivencial, las personas desarrollan la fobia a volar por haber estado en un avión y haberlo pasado mal o por creer que iba a pasar algo; mientras que en el observacional, el miedo se produce por información que se obtiene de que los aviones son peligrosos».
Sin embargo, el hecho de que la fobia a volar no desaparezca se produce porque «estas personas evitan volar siempre que pueden para no sufrir la ansiedad, impidiendo así habituarse a sus propios niveles de ansiedad», asegura Fernández.
Los pacientes con fobias no responden a un perfil determinado, sólo tienen en común un rasgo de ansiedad elevado. «Aquellas personas que suelen interpretar diversas situaciones como amenazantes tienen más predisposición a desarrollar una fobia», señala la psicóloga.
Además, esta ansiedad se produce «desde días antes de coger el avión», subraya Fernández. Para intentar evitarla o paliar sus efectos, la colegiada recomienda «hablar a los pacientes del funcionamiento del avión, de lo seguro que es y de la irracionalidad que supone tenerle miedo». 
«ES DIFÍCIL QUE LA PERSONA ATIENDA A RAZONES»
Sin embargo, la colegiada explica que «como trastorno emocional que es, es difícil que la persona atienda a razones». Por esa razón entiende que «se llevan a cabo tratamientos psicológicos».
No obstante, Fernández no cesa en su empeño y aconseja a los pacientes «distraerse» antes y durante el vuelo. Tras despegar «lo más adecuado es hacer tareas de relajación, como la respiración abdominal; o leer libros y escuchar música», explica. Además, siempre que aparezcan pensamientos catastróficos recomienda intentar «buscar otros alternativos».
Lo que de ninguna manera ve positivo es el consumo de psicofármacos -salvo que lo haya recetado un profesional- porque «pueden producir un efecto rebote». En cuanto al alcohol tiene la misma opinión, ya que «disminuye las estrategias cognitivas, dificulta pensar y luchar contra los malos pensamientos». 
Por último, y pese a que algunas personas llaman a sus familias «para despedirse porque creen que van a morir», Fernández considera que lo peor que puede ocurrir es una crisis de ansiedad «que derive en un bloqueo o desmayo».
Fuente:  http://ecodiario.eleconomista.es