Desconvocada la huelga de trabajadores de limpieza del aeropuerto de Ibiza.

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Los trabajadores de limpieza del Aeropuerto de Ibiza pusieron ayer fin a una huelga que ha puesto en jaque la temporada turística.

Tras siete durísimas jornadas en las que la basura inundó las instalaciones, poniendo en riesgo el cierre de la terminal, los 40 trabajadores aceptaron la última propuesta de AENA y el administrador concursal de Kle, empresa en concurso de acreedores y ya ex concesionaria de la limpieza del aeropuerto.

El administrador concursal se compromete a pagar las nóminas de abril y mayo, mientras que la de marzo, la paga extraordinaria y los finiquitos de los trabajadores que han abandonado la empresa correrán a cargo del Fondo de Garantía Salarial (Fogasa).

Una de las claves ha sido, según la secretaria de organización de CCOO, Consuelo López, el traslado de la negociación a Palma. «El director del aeropuerto de Ibiza, Roberto Llamas, lo único que ha hecho es empeorar las cosas», apunta la representante de unos trabajadores, que hasta pidieron su dimisión, después de que contratara a la empresa Valoriza para limpiar las instalaciones nada más comenzar la huelga.

Ocurrió lo mismo ayer por la tarde, aunque ya a pocas horas de la asamblea nocturna en la que los trabajadores decidieron desconvocar la huelga, y comenzar hoy mismo a devolver la normalidad a las instalaciones.

AENA contrató ayer por la tarde a la empresa Balear de Handling Serveis Aeroportuaris SL, que no tiene nada que ver con el sector de la limpieza, por «el procedimiento de urgencia», simplemente para vaciar los contenedores del área de control de seguridad, prácticamente intransitable.

AENA dice que tomó esta decisión por el incumplimiento de los servicios mínimos decretados por el Ministerio de Fomento. Consuelo López explicó que se incumplieron porque la persona que tenía que hacerse cargo de éstos se presentó ayer mismo con una baja laboral.

AENA asegura que respondía también a una recomendación del área de Sanidad de la Delegación de Gobierno de Baleares. Las instalaciones aeroportuarias se encontraban al borde de una emergencia sanitaria por la acumulación de basura, que podría haber provocado el cierre de las instalaciones, dejando a la isla incomunicada por aire.

Los últimos días de huelga los baños estaban cerrados prácticamente todo el día, y las compañías aéreas sugerían a los pasajeros que utilizaran los baños de los aviones antes de desembarcar en Ibiza.

La empresa contratada por AENA llegó escoltada por agentes de la Guardia Civil, pero los trabajadores se limitaron a inmortalizar su presencia con sus teléfonos móviles, y a comprobar que, efectivamente, se limitaban a cumplir los servicios mínimos.

La jornada de ayer, la séptima desde que comenzó la huelga, volvió a ser dantesca, con miles de turistas sorteando la basura, o colgando imágenes en las redes sociales, con el grave daño que supone para el turismo que pretendiera visitar la isla.

Los Comités Ejecutivos de la Federación de la Pequeña y Mediana Empresa de Ibiza y Formentera (Pimeef) y de la PIME Formentera exigieron ayer a todas las partes implicadas una «solución inmediata» para esta «situación dantesca».

Denuncian que se haya conseguido «una vez más estar bajo el punto de mira de los medios internacionales y no precisamente por la calidad de la oferta turística».

Para la patronal el aeropuerto es un punto «estratégico» de la isla, y «no debe permitirse» que un conflicto laboral de esta índole, «con más que justas» reivindicaciones por parte de los trabajadores, pueda llegar a este punto.

«Consideramos que AENA debe tener previstos planes de contingencia para evitar casos similares, ya sea previendo fondos para estas situaciones o fórmulas para realizar el rescate de concesiones de forma más rápida», han añadido.

El presidente del Consell de Ibiza, el socialista Vicent Torres, dijo ayer no entender que «una empresa que hace poco ha pasado los filtros de solvencia administrativa para entrar en un concurso de estas características esté ahora en concurso de acreedores».

Por: Ricardo F. Colmenero – El Mundo