Tips y Curiosidades

Este es el aeropuerto con la pista de aterrizaje más corta: ¡400 metros!

Cada vez el tráfico aéreo es más intenso. Miles de aviones surcan los cielos a diario para transportar a millones de pasajeros a todos los lugares del planeta. A pesar de que los aeropuertos han mejorado sus infraestructuras con el paso de los años y que el avión es el medio de transporte más seguro, volar aun puede comportar grandes complicaciones para los pilotos.

Llegar vía aérea a Saba, una pequeña isla caribeña perteneciente a los Países Bajos, es todo un reto para los pilotos. La isla, de 13 kilómetros cuadrados de extensión, tiene la pista de aterrizaje comercial más pequeña de todo el mundo. El aeropuerto únicamente cuenta con 400 metros de asfalto para realizar el aterrizaje, convirtiéndolo en todo en un icono mundial.

El aeropuerto Juancho E. Yrausquin no sólo cuenta con una pista de despegue ínfima y estrecha, sino que está rodeado de una orografía que hace muy complicada la maniobra de despegue y aterrizaje. El aeródromo, construido sobre una de las únicas zonas asfaltadas de la isla, está rodeado de acantilados y altos cerros que dan al mar. En él se mezclan dificultad con unas vistas excepcionales.

Es tan elevada la dificultad de tomar tierra que los pilotos que deseen tripular un avión con destino Saba deben aprobar un curso especial que les certifique legalmente que pueden aterrizar en dicha terminal. Además, no todos los aviones pueden llegar a la isla. Sólo modelos como el BN-2 o el Caravan son capaces de efectuar esta compleja maniobra.

Aunque muchas son las adversidades que rodean al aeródromo de Saba, la pista de aterrizaje más corta del mundo ha sido nombrada como la llegada más espectacular a un aeropuerto.

Una encuesta, realizada entre usuarios y pilotos de la plataforma de alquiler de aviones y jets privados, PrivateFly, pone de manifiesto que la llegada al pequeño archipiélago es la que más emoción genera en los viajeros.

La emoción también se hace latente entre los pilotos de la compañía. Tal y como comenta Adam Twidell, un experimentado piloto y director ejecutivo de PrivateFly, “volar a Saba es extraordinario”.

Desde el día de su construcción hasta la actualidad, el aeropuerto no ha sufrido ningún accidente, demostrando un gran historial de seguridad y rompiendo el tópico de ser una instalación peligrosa.

Por: La Vanguardia