Incidentes y Accidentes

El día que Estados Unidos derribó un avión de Iran Air con 290 pasajeros a bordo.

El 3 de julio de 1988 es un día que Irán recuerda como una jornada de duelo nacional. Aun en medio de la sangrienta guerra con Irak, que por esos años devastaba a ambos países, el derribo del vuelo 655 de la aerolínea Iran Air a manos de la Marina de Estados Unidos, con una saldo de 290 muertos, conmocionó al país, inoculándolo de una desconfianza primaria por todo lo que haga Washington.

Al cumplirse 30 años del incidente, el diario Kayhan International, uno de los que cultiva la línea más dura dentro del país persa, escribió: “No importa la cantidad de disculpas que se den, que, por otra parte, Washington nunca ha ofrecido, ni Teherán espera que se realicen, nada borrará los amargos recuerdos de este hecho ruin”.

Este nuevo aniversario de esta tragedia llega en un momento en las que relaciones entre ambos países atraviesan momentos complicados, en vista de la disolución del pacto nuclear por orden de Trump; acuerdo impulsado por Barack Obama junto a las principales potencias del mundo.

“Este espantoso crimen quedó grabado en la memoria del valiente pueblo de esta tierra, y nunca será olvidado”, afirmó en un parte de prensa Bahram Ghasemi, el vocero del ministerio de Relaciones Exteriores. Para las máximas autoridades del país, la salida de EE.UU. del pacto solo confirma lo que incidentes como el derribo del vuelo 655, al que hay que sumarle el golpe de estado de 1953 conducido por la CIA, ya lo hacían sospechar: es imposible confiar en Washington.

¿Error o acto malicioso?

El ataque al vuelo 655 se dio luego de un incidente al que la Marina de Estados Unidos se refiere como Operación Mantis religiosa. Consistió en un combate naval entre ambos países en el Golfo Pérsico, en el marco de la guerra entre Irán e Irak que se desarrolló a lo largo de la década del 80. La batalla se dio luego de que el portaaviones Samuel B. Robertson hiciera estallar una mina, que EE.UU. luego acusó a Irán de haber colocado en los canales de navegación que Washington intentaba mantener abiertos para que los barcos petroleros de Kuwait pudieran seguir operando con normalidad.

A partir de ese momento, Estados Unidos se dedicó a patrullar más intensamente los canales de navegación, mientras que la Guardia Revolucionaria iraní también circulaba por la zona.

En la madrugada del 3 de julio de 1988, el portaaviones USS Vincennes mandó un helicóptero a despejar botes iraníes que, según EE.UU., hostigaban a los barcos comerciales de la zona.

De acuerdo a la versión oficial, los iraníes le dispararon al helicóptero, y el portaaviones empezó a perseguirlos. Un dato que se conoció en los últimos años, y que EE.UU. había negado por décadas, es que durante esta persecución, el USS Vincennes entró sin autorización en aguas iraníes.

Mientras este combate se llevaba a cabo, el vuelo 655 de Iran Air levantaba vuelo rumbo a Dubai, en los Emiratos Árabes Unidos, una ruta que la aerolínea venía realizando 2 veces por semana, a lo largo de los últimos 20 años. La explicación dada por la Marina estadounidense luego del ataque fue que confundieron a la aeronave con un avión de combate F14 iraní, a pesar de que el portaaviones contaba con tecnología de punta y profesionales militares que le hubiera permitido identificar fácilmente la naturaleza del avión.

Estados Unidos afirmó que el USS Vincennes hizo 11 advertencias por radio, según ellos por diferentes frecuencias, aunque algunas versiones sostienen que solo lo hicieron por un canal de frecuencia militar, y no por la frecuencia de aviación civil. El misil, que alcanzó a la aeronave a aproximadamente 4 mil metros de altura, lo partió al medio y mató en el acto a todos quienes se encontraban a bordo.

Secuelas de largo alcance

La muerte de las 290 personas a bordo, de las cuales 66 eran niños, caló hondamente en la sociedad iraní. A modo de homenaje, las autoridades colocaron una parte de los féretros de madera frente al parlamento en Teherán, para que la población pudiera darles un último adiós. A cambio de que Irán retirara su denuncia de la Corte Internacional de Justicia, Estados Unidos accedió a un pago de poco más de 131 millones de dólares como indemnización.

Luego de la tragedia, la Casa Blanca ofreció sus condolencias, pero el presidente Ronald Reagan afirmó que eran medidas necesarias dado el contexto en el que se encontraban.

Una de las razones principales de que el resquemor en Irán se mantenga tiene que ver con el hecho de que Washington premió a los involucrados.

El capitán del USS Vincennes William C. Rogers eventualmente recibiría la Legión de Mérito, una distinción militar que se da a aquellos individuos que demostraron conducta excepcional en el cumplimiento de su deber.

Sin una investigación a fondo sobre la cuestión, es posible que nunca se sepa la verdad sobre lo ocurrido. En tanto esto no ocurra, la posibilidad de que haya sido un acto deliberado por parte de la Marina estadounidense para demostrarle a Irán que era capaz de todo con tal de defender su flota, tal como afirmó el especialista militar ruso Yuri Liamin en el sitio Sputnik News, seguirá siendo una posible interpretación de lo que sucedió.

Por: AFP – Clarín