El veto a la venta a bordo en el avión amenaza un negocio milmillonario.

Las aerolíneas europeas están haciendo todo lo que está en su mano para garantizar la seguridad sanitaria en los aviones y recuperar la confianza de los pasajeros tras la pandemia del coronavirus. Incluso sacrificar un negocio milmillonario como es la venta a bordo.

Así, compañías como Lufthansa, easyJet, Air France, Iberia, Vueling han suspendido el servicio de comida y bebida a bordo y la venta de productos duty free hasta nueva orden para limitar el contacto entre la tripulación y los pasajeros y seguir las recomendaciones de la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) que, en el protocolo publicado en mayo, insta a los operadores a “reducir los servicios al bordo al mínimo imprescindible”. En concreto, la agencia recomienda eliminar la venta de productos no esenciales, reducir el servicio de comida y bebida, ofrecer productos preempaquetados y primar los pagos con tarjeta.

Según las estimaciones realizadas por Ideaswork Company y CarTrawler Global, las compañías aéreas del Viejo Continente ingresaron en 2019 unos 31.500 millones de dólares (28.000 millones de euros al cambio actual) gracias a los servicios a la carta, que principalmente incluyen la venta de comida y bebida a bordo, la elección de asientos, los embarques prioritarios, las maletas facturadas y el wifi (ver gráfico). La venta a bordo es uno de los ingresos extra más importantes de las compañías en el corto radio y uno de los primeros servicios extra que se pusieron en marcha y adoptaron las aerolíneas tradicionales cuando estalló el low cost en Europa.

No en vano, es uno de los servicios más demandados por los pasajeros junto con la elección de asiento y la facturación de las maletas. Según una tesis publicada por la universidad de Cranfield en 2014, entre un 25% y un 35% de los viajeros de las aerolíneas de corto radio están dispuestos y suelen pagar por la comida y la bebida a bordo (no alcohólica).

El sector aéreo Europeo es uno de los que mejor ha desarrollado el mercado de los ancillaries (o servicios extra) gracias a las low cost y es que más dinero genera concentrando el 41% del total. Asimismo, cabe recordar que un estudio realizado por Kayak.co.uk en 2018 y publicado por el diario Independent muestra que las aerolíneas logran márgenes muy elevados con la venta de té, café, refrescos y snacks a bordo ya que los precios son muy superiores que en tierra. Por ejemplo, en los vuelos de Iberia Express una lata de Mahou cuesta 3,5 euros mientras que en el supermercado se puede conseguir por 60 céntimos y en un bar se encuentran tercios por 2,5 o 3 euros.

Los ingresos a la carta no incluyen la venta de productos duty free a bordo, que también mueve una gran cantidad dinero, sobre todo en el largo radio, y también está suspendido.

Mientras que el grueso de las compañías ha optado por suspender el servicio en los vuelos de corto y medio radio y servir comida preempaquetada en los de largo radio (Iberia, Lufthansa, Air France y KLM), Ryanair trata de sortear el veto para contener la sangría de sus ingresos. La compañía de bajo coste ha cambiado su política de venta a bordo y permite comprar todo tipo de productos, incluidos platos calientes, si el pedido se realiza preferentemente por la web antes de embarcar.

A bordo directamente se pueden adquirir bocadillos o bebidas en lata siempre que se paguen con tarjeta. Lo único que está abiertamente fuera de la carta son las bebidas calientes, uno de los productos que más margen deja. Ryanair ha puesto en marcha un curso para que los tripulantes de cabina aprendan los nuevos protocolos internos de venta a bordo de cara a la vuelta a los cielos en julio. La aerolínea de bajo coste no deja claro si se podrán comprar online productos del duty free para entregarlos a bordo.

Ryanair tiene una dependencia muy elevada de los ingresos por servicios extra ya que sólo por la venta de billetes no genera la suficiente facturación para cubrir los costes operativos. Por ejemplo, en su último año fiscal ingresó 5.566 millones por la venta de billetes, un 6% y 2.928 millones por los servicios extra (maletas, embarque prioritario, comida a bordo), un 20% más, mientras que los gastos operativos alcanzaron los 7.367 millones de euros. Así, la compañía puede llevar a cabo una agresiva política de precios bajos gracias a este tipo de servicios que cobra a parte.

La guía para viajar publicada por la EASA también señala que las compañías deben respetar la distancia social siempre y cuando haya hueco en el avión, limitar los bultos en cabina y que los embarques se escalonen. Estas medidas podrían afectar a la venta de los embarques prioritarios, que en el caso de Ryanair incluye una maleta de mano a bordo, o la elección de asientos, aunque de momento las compañías tienen previsto seguir ofertándolo.

El sector en pérdidas

La limitación de la venta a bordo es sólo un pequeño problema más dentro de los retos que afronta el sector aéreo de cara a la reactivación del sector. La aerolíneas tienen previsto poner en el mercado entre el 20 y el 50% de su capacidad este verano ante las débiles previsiones de demanda que manejan tras tres meses paradas.

Con esta lenta recuperación sobre la mesa, IATA prevé que las aerolíneas europeas cierren el año con unas pérdidas agregadas de 21.500 millones de dólares frente a los beneficios de 2019. El tráfico de pasajeros será un 56,4% inferior al registrado el año pasado y se espera que la capacidad ofertada sea un 40% menor.

A nivel global se espera que el sector termine 2020 con unas pérdidas agregadas de 84.300 millones de dólares debido al desplome de los ingresos. En concreto, facturarán unos 419.000 millones de dólares, casi la mitad que un año antes. De cara a 2021 la cosa mejora pero sigue muy lejos de los niveles registrados en 2019. Así, IATA espera que el sector pierda 15.800 millones de dólares e ingrese 598.000 millones.

Por África Semprún – El Economista