La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) autorizó al Boeing 737 MAX 10, la variante más grande de la familia 737 MAX, a avanzar a la segunda fase de su campaña de certificación, un hito relevante en un programa que acumula años de retrasos. Sin embargo, el avance llega con matices: los principales problemas técnicos aún no están resueltos y el camino hacia la certificación completa sigue siendo incierto.
La información fue confirmada a Reuters por una fuente familiarizada con el programa, en un contexto donde Boeing necesita con urgencia estabilizar su portafolio de productos, recuperar flujo de caja y frenar la pérdida de participación de mercado frente a Airbus.
Qué implica la Fase 2 de pruebas del 737 MAX 10
La segunda fase de pruebas en vuelo de la FAA se centra en sistemas críticos del avión, incluyendo:
- Aviónica
- Propulsión
- Otros elementos clave del diseño
Este avance valida que el programa continúa progresando desde el punto de vista regulatorio, pero no equivale a una certificación inminente. De hecho, uno de los principales factores de demora sigue abierto.
El problema de deshielo de motores sigue sin resolverse
El punto más sensible del programa continúa siendo el problema del sistema de deshielo del motor, una cuestión técnica que ha impactado tanto al MAX 10 como al MAX 7, la variante más pequeña de la familia.
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Según la fuente, la autorización de la FAA no aplica al MAX 7, lo que confirma que ambos programas avanzan a ritmos distintos y que el inconveniente técnico aún no tiene una solución certificada.
Este mismo problema ha sido citado repetidamente como la causa principal de los retrasos acumulados en ambos modelos, pese a que Boeing había manifestado previamente su expectativa de completar la certificación de los MAX 7 y 10 dentro de este año.
Un avión crítico para las finanzas de Boeing
El inicio de entregas del 737 MAX 10 es considerado por analistas del sector como fundamental para mejorar los ingresos y el flujo de caja de Boeing. La importancia comercial del modelo está respaldada por cifras concretas:
- Más de 1.200 pedidos en firme en la cartera de Boeing, según datos de la consultora Cirium.
- Competencia directa con el Airbus A321neo, hoy dominante en el segmento de pasillo único de mayor capacidad.
Cada mes adicional de retraso expone a Boeing al riesgo de seguir perdiendo cuota de mercado, especialmente en aerolíneas que buscan crecimiento con aviones de mayor densidad y alcance.
La presión del mercado y el respaldo de los clientes
Pese a la incertidumbre, algunos clientes mantienen su confianza. Esta misma semana, Alaska Airlines encargó 105 Boeing 737 MAX 10, y su CEO, Ben Minicucci, afirmó que confía en que el avión sea certificado durante este año.
El pedido refuerza la relevancia estratégica del modelo, pero también eleva la presión sobre Boeing y la FAA para cerrar los temas técnicos pendientes sin comprometer los estándares de seguridad.
Un programa que avanza, pero aún sin línea de meta
El paso del 737 MAX 10 a la Fase 2 de certificación es, sin duda, una señal positiva tras años de retrasos y escrutinio regulatorio reforzado. Sin embargo, el problema de deshielo de motores permanece sin resolver, y la falta de una fecha clara de certificación impide a Boeing activar plenamente su estrategia industrial y comercial.
La certificación final, más que un trámite, será el verdadero punto de inflexión. Hasta entonces, el progreso seguirá siendo medido, observado y, sobre todo, condicionado.
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