La conectividad aérea de Cuba enfrenta uno de sus momentos más delicados en décadas. El país se prepara para quedarse sin combustible de aviación tipo Jet A-1 en todos sus aeropuertos internacionales, una situación que pone en riesgo operaciones de aerolíneas estadounidenses, canadienses, europeas y latinoamericanas. El detonante combina presión geopolítica, sanciones energéticas y una crisis económica estructural que ya impacta de lleno en el transporte aéreo y el turismo, dos pilares clave para la obtención de divisas.
Sin Jet A-1
El Gobierno cubano advirtió a aerolíneas internacionales que no podrán reabastecerse de combustible en los aeropuertos durante al menos un mes, una medida extraordinaria que entra en vigor desde este martes y se extendería hasta el 11 de marzo, según una notificación publicada el domingo por la Federal Aviation Administration (FAA).
La ausencia de Jet A-1 obliga a las compañías a replantear sus operaciones, ya sea mediante escalas técnicas en terceros países o ajustes en programación y carga, una estrategia que ya se utilizó en crisis anteriores, como tras la caída de la Unión Soviética en la década de 1990, cuando aerolíneas recurrieron a México o República Dominicana para reabastecerse.
El factor Washington: presión sobre la cadena de suministro energético
El actual escenario se agrava tras la decisión de Estados Unidos de cortar, a comienzos de enero, los envíos de combustible desde Venezuela, el principal aliado energético de La Habana. Esta medida se produjo después de que Washington trasladara al líder socialista Nicolás Maduro para enfrentar cargos en Nueva York por narcoterrorismo, cerrando de facto una de las válvulas de suministro de crudo y derivados para la isla.
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A esto se suma una advertencia directa del presidente Donald Trump, quien amenazó con imponer aranceles a cualquier país que suministre petróleo a Cuba, elevando el riesgo para potenciales proveedores y profundizando el aislamiento energético del régimen.
Impacto operativo: aerolíneas y turismo
Cuba es atendida por una red diversa de aerolíneas internacionales, que no solo transportan turistas, sino que cumplen una función logística clave. Más allá del tráfico de pasajeros, los vuelos comerciales son una vía indirecta de importación de bienes esenciales.
La interrupción del suministro de combustible amenaza con reducir frecuencias o encarecer las operaciones, afectando el flujo turístico.
Migración y aislamiento regional: el cierre de otra válvula de escape
En paralelo a la crisis aérea, Nicaragua endureció sus reglas migratorias, bloqueando el ingreso de ciudadanos cubanos sin visa. La decisión elimina una ruta clave para la emigración en un contexto donde casi uno de cada cinco cubanos ha abandonado la isla en la última década, impulsado por el deterioro económico.
Esta medida incrementa la presión interna y reduce aún más las opciones de salida para la población, mientras el país enfrenta restricciones crecientes en transporte, energía y movilidad.
Medidas de contingencia: ajustes internos y recortes visibles
El gobierno de La Habana anunció un paquete de medidas de emergencia para enfrentar la crisis, entre ellas:
- Reducción de rutas de transporte público.
- Semana laboral acotada de lunes a jueves.
- Traslado de algunas clases universitarias a modalidad online.
En el sector turístico, el impacto es directo: cierres de resorts y consolidación de visitantes en un número reducido de hoteles, con el objetivo de maximizar la captación de divisas durante la temporada alta.
La aviación vuelve a ser un termómetro preciso de la situación cubana: cuando el combustible falta, la conectividad se resiente y el aislamiento se profundiza.
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