El 17 de marzo de 1988 marcó un triste hito en esta historia cuando un Boeing 727 de la compañía colombiana Avianca se estrelló con 143 personas a bordo. Fue el peor accidente de avión hasta ese momento para los colombianos y el segundo en la actualidad.
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El vuelo 410 se estrelló contra las montañas a cuatro minutos de haber despegado del aeropuerto de Cúcuta, a unos 650 kilómetros al norte de Bogotá. El Boeing 727 realizaba un vuelo interior con destino a Cartagena, ciudad colombiana ubicada sobre la costa caribeña.
En el avión viajaban siete integrantes de la tripulación y 136 pasajeros entre los que se encontraban dos equipos de fútbol de aficionados de la empresa Ecopetrol. Los jugadores iban a disputar un torneo en Cartagena, reseñó La Nación.
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De acuerdo con los testigos presenciales, el avión se estrelló en una zona de montaña de la cordillera de los Andes, denominada Cerro Campo de Alicia. Desde Avianca informaron que el vuelo 410 desapareció rápidamente de los radares. Los testimonios de quienes viajaban en auto por una ruta cercana indican que vieron al avión volando muy bajo y que de repente se estrelló.
Desde la Torre de Control informaron que el piloto, Francisco Ardilla, de 35 años y con 4600 horas de vuelo de experiencia, aseguró que había buena visibilidad en cuanto despegaron, sin embargo, a los cuatro minutos el avión desapareció entre las montañas. De acuerdo con un informe de la Aviation Safety Network la causa más probable para explicar el accidente es la distracción del capitán, que viajaba en la cabina con un piloto amigo que no pertenecía a la tripulación.
En 1997, el Consejo de Estado condenó al país a responder patrimonialmente por el accidente. A su juicio, la tragedia se debió a “una falla en el servicio de la Aeronáutica Civil porque los controladores aéreos autorizaron al piloto a despegar visualmente, es decir, sin el apoyo de instrumentos, pese a que las condiciones atmosféricas eran difíciles”.
Mientras tanto, si bien se consideró que “la aerolínea resultó solidariamente responsable”, el tribunal señaló que, según una investigación hecha por la propia Aerocivil, al momento del accidente el comandante “estaba distraído atendiendo a personas ajenas a la cabina” y dejó el control de la operación “a cargo del copiloto”.
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